La abducción de Travis Walton

abduccion de Travis Walton

El 5 de noviembre de 1975 Travis Walton, un guarda forestal de Snowflake, Arizona, regresaba con seis compañeros de trabajar en el bosque. Iban en la camioneta de regreso a sus hogares mientras pasaban por una zona del parque que conocían tan bien como cualquier otra. De repente, surgió de entre los árboles un halo de luz nunca antes presenciado por ninguno de ellos. En un primer instante pensaron que podía tratarse de un incendio que estaba asolando esa zona del bosque. Sin embargo, el color era más azulado que rojizo, además pronto salieron de dudas cuando vieron un reflejo plateado que les deslumbraba. Una especie de platillo volante parecía ser el causante de aquella llamativa fuente de luz. Todos se quedaron impresionados por aquello. Travis saltó de la camioneta para presenciarlo más de cerca y se dirigió hacia el claro. Sus compañeros le gritaban para que retrocediera, pero era demasiado tarde: Walton estaba debajo del objeto, en pleno epicentro lumínico. No escuchaba, sólo veía. Fue entonces cuando un enorme rayo de luz le atravesó el costado dejándole inconsciente. Los otros seis, presas del pánico, sólo pudieron gritar desde la lejanía. Mike Rogers, el jefe del grupo, pisó el acelerador respondiendo al más primario de sus instintos: la supervivencia. A medida que se iban alejando, eran conscientes de que uno de los suyos se había quedado allí atacado por nadie sabe qué. La culpabilidad les comía por dentro y decidieron volver en busca de Travis. Sin embargo, ya no estaba allí. Ni él, ni la luz ni el extraño objeto.

Después esto los seis sombres, Mike Rogers, Ken Peterson, John Goulette, Steve Pierce, Allen Dallis and Dwayne Smith, se dirigieron a la oficina del sheriff. Contaron todos los detalles al ayudante del sheriff de Heber, Chuck Ellison, lo sucedido. Alguno de ellos, marcado por la pesada carga de la culpabilidad, no pudo contener las lágrimas. El policía no daba crédito a la sorprendente historia que los guardas forestales le estaban contando. Ellison avisó a su superior, el sheriff Marlin Gillespie, quien escuchó el relato de la desaparición de Walton de boca de sus seis compañeros. No había contradicciones, ni dudas, ni atisbo de que estuviesen mintiendo.

Durante las horas siguientes se llevó a cabo un rastreo por parte de las fuerzas de seguridad, y de multitud de voluntarios, en la zona donde Walton había desaparecido. No había ni rastro de él ni de aquello que según sus compañeros le había atacado. El sheriff comenzó a barajar la hipótesis de que los seis compañeros hubieran asesinado a Travis e ideado el encuentro con el supuesto ovni como coartada. Pero el olfato de Gillespie le decía que cómo unos presuntos asesinos iban a idear una historia tan inverosímil para encubrir su delito, cuando podían perfectamente haberse confabulado los seis y tejer una historia mucho más creíble que les amparara.

Por si acaso la policía les sometió al polígrafo. Ante la máquina de la verdad, los forestales contestaron varias preguntas relacionadas con la desaparición de su compañero. Un total de cuatro cuestiones que indagaban directamente en si alguno de ellos había atacado a Walton, o si habían escondido el cuerpo, o acerca de su hipotético encuentro con el ovni. Los seis individuos superaron las pruebas ante el asombro de toda su comunidad. El sheriff Gillespie ve corroboradas sus sospechas, pero sin embargo estaba en un callejón sin salida. Lo único que tenía para resolver un caso de desaparición era el testimonio de seis personas que aseguraban que fue atacado por un ovni.

Habían pasado cinco días en los que la conservadora y tranquila comunidad de Snowflake había perdido a uno de los suyos de una forma increíble. Nada se sabía de Travis Walton, y la oficina del sheriff se había puesto en contacto con las autoridades estatales para ampliar la red de búsqueda del guarda forestal.

En el quinto día se informó que Travis Walton había telefoneado a su hermana desde una estación de servicio cercana. Estaba agotado, deshidratado y pedía ayuda. En esos cinco días que había estado desaparecido, Travis no se había afeitado. Se encontraba perdido, ausente, tenía la sensación de que en lugar de días habían pasado horas. Walton vomitó la primera comida que tomó. En las pruebas médicas hubo dos aspectos destacables. Su cuerpo había estado días sin ingerir nada, en su aspecto físico se apreciaba claramente; sin embargo, los análisis dejaron entrever que podía haber estado recibiendo algún tipo de suero desconocido para alimentarle. La otra señal era una extraña marca en su codo, como si le hubieran administrado algún tipo de inyección hipodérmica que, sin embargo, había sido aplicada lejos de cualquier vena cercana.

El guarda forestal recordaba que cuando se acercó al extraño platillo desde la camioneta, un haz de luz le atravesó dejándole inconsciente. Más tarde despertó. Estaba tendido sobre una camilla con un enorme foco encima. Se sentía dolorido, con dificultad para respirar y una sensación extraña de frío húmedo que le recorría el cuerpo. Travis pensó que había despertado en un hospital; sin embargo, se dio cuenta de que no era así al ver tres extrañas figuras que le rodeaban. No eran humanos y llevaban uniformes naranjas. No tenían mucha altura y carecían de pelo; lo que parecían ser sus orejas y su nariz eran de tamaño normal, pero sin embargo tenían unos ojos gigantescos en los que incluso Walton se veía reflejado en ellos. Parecían fetos humanos. Travis no era consciente de qué tipo de prueba le estaban realizando. En un arrebato de valor, el humano se incorporó y cogió un utensilio para amenazar a los alienígenas. Éstos, con pasmosidad, abandonaron la estancia. El hombre salió de aquella sala y recorrió la nave en busca de una salida. En una de las dependencias se topó con otros tres seres de apariencia más humana. Dos hombres y una mujer que le recibieron de forma afable para tratar de tranquilizarle. A continuación, le indicaron que se tumbara en una especie de mesa. La mujer le colocó una especie de máscara de oxígeno. Travis perdió el conocimiento. Cuando despertó estaba en una cuneta de la carretera cerca de la gasolinera de Heber.

Travis Walton fue sometido también al polígrafo. La máquina de la verdad no pudo desmontar la historia contada por el forestal. Décadas después, el caso Travis Walton continúa siendo un referente mundial de supuesta abducción ovni. El caso de Travis Walton conmocionó profundamente a la sociedad americana de la época. Hasta el punto de que una novela “La experiencia Walton” y una película, titulada “Fuego en el cielo” recogen lo vivido en aquellos días de noviembre de 1975.

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